Archivo de la categoría Historias del Rodo

Los tirantes de Severino

Historias del ROdo

Historias del ROdo

Es casi seguro que Severino González, asturiano de origen, haya figurado siempre entre los cinco hombres de negocios más ricos de Cabaiguán. Delante de él en la lista probablemente estuvieron Eulogio (Yoyo) Crespo, propietario del banco más poderoso del municipio, Andrés Calderín Ramos (o Ramos Calderín, no recuerdo el orden exacto de sus apellidos), César Benítez, y la familia Yánez. Y para de contar.

El gallego Severino era propietario de los almacenes “La Lonja” que estaban ubicados prácticamente en el centro del casco urbano del pueblo. Estos almacenes podían ocupar casi una manzana en línea recta, pero en la realidad hacían esquina justamente en la piquera de autos de alquiler. Allí también eran vecinos de estos almacenes el Parque Infantil, los hoteles Perla y Sevilla y los bares “Hnos. Castro” y “La Lonja”.

Los almacenes de madera y tejas del gallego Severino soportaron por décadas la acción de la lluvia, el sol, el viento y el abandono por falta de uso hasta que se derrumbaron parcialmente después de un incendio  y fueron demolidos.

Pero el objetivo de este relato no es hacer el panegírico de los almacenes sino refrescar en  la memoria de los cabaiguanenses que le conocimos, el hecho o costumbre que caracterizó a su propietario, aquel emprendedor hombre de negocios de la península ibérica: sus tirantes.

Todos los cabaiguanenses siempre identificamos a Severino con un par de tirantes que  le sostenían los pantalones. Es muy poco probable, si no imposible, que alguien lo haya visto alguna vez sin sus tirantes .Todos los días exhibía un par de un color diferente desde las primeras horas de la mañana hasta el atardecer de lunes a domingo.

Y lo afirmo categóricamente porque no hubo domingo que yo no tuviese la suerte de lustrar los zapatos de aquella acaudalada familia y que no me abriera la puerta el propio gallego Severino vistiendo ya  sus  tirantes a las ocho de la mañana.

Muchas personas apelaban al humor para referirse a aquella costumbre cuando afirmaban que Severino no se quitaba los tirantes ni siquiera para hacer el amor. En cambio otras con más sentido práctico comprendían y estaban convencidas de que los tirantes formaban parte inseparable de la personalidad de aquel hombre, sin los cuales tal vez no hubiese tenido nunca la lucidez mental y habilidades para hacer dinero a montones, como lo hizo.

Aquella prenda de vestir, que lució durante toda su vida el laborioso asturiano, se convirtió en algo tan natural, cotidiano, real e imprescindible que pasó tranquila e inexorablemente al acervo cultural, al patrimonio costumbrista de mi terruño cuando lo empleamos para describir cosas o hechos que han ocurrido desde tiempos inmemoriales, o todo lo contrario: no han ocurrido nunca. De manera que en nuestros tiempos, el argot popular acuñó aquella costumbre en la frase: “desde que Severino se compró los tirantes”.

Así las cosas podemos ilustrar con numerosos ejemplos el empleo de esta frase. Sólo citaré algunos.

a) Si un fanático le pregunta a otro desde cuándo el pelotero fulano de tal no conecta un cuadrangular, el otro le responde: – ahh, chico, ¿tú no sabes que fulano no batea un jonrón desde que Severino se compró los tirantes?

b) – Oye, yo no sabía que Perico Rondón se había muerto, ¿cuándo fue eso?

– Muchacho, Perico se murió hace rato, el mismo día que Severino compró el primer par de tirantes-.

c) – ¿Qué tiempo hace que no ligas una buena jevita?-.

– Uhhhh!…. Desde que Severino se compró los tirantes! -.

d) – ¿Qué tiempo hace que no te tomas un trago?-.

– Chico, la verdad es que ni me acuerdo, pero creo que desde que Severino se compró el último par de tirantes -.

e) – Oye, hay un comentario en el barrio que fulanita se le está corriendo a fulanito.

– Coño Cheo!!!. Eso es más viejo que los tirantes de Severino! -.

f) – ¿Cuándo tú crees que los equipos de Sancti Spíritus y Villa Clara ganarán un campeonato de béisbol?-

– Ahhh, chico, eso es muy fácil de responder: ¡el día que Severino bote los tirantes! -.

¡Claro que el laborioso y acaudalado asturiano, que se radicó, hizo familia y dejó sus huesos en Cabaiguán jamás pudo imaginar que su habitual prenda de vestir se convertiría en punto de referencia en el tiempo para citar hechos y cosas ocurridas o por ocurrir! Tampoco pudo constatar el hecho de que el pueblo cabaiguanense ya lo hiciera mientras él disfrutaba tranquilamente de su fortuna. Pero sin faltar ni un día a la costumbre, no sólo de lucir un par de tirantes diferentes, sino también de asistir puntualmente a su trabajo todos los días de la semana.

Etiquetas: , , , , , , , , ,

No quieres fútbol?…Bueno tres golazos

Fútbol

Fútbol

Mi nieto mayor, José Raúl Iglesias Rodríguez, al que toda la gente del barrio le endilgó automáticamente el apodo de Pepito, como el del picardioso y astuto niño  de los chistes cubanos ya tiene diez años y parece que fue ayer cuando nació un 12 de agosto en el Hospital Naval en vísperas de la llegada de un huracán que ya estaba a las puertas de Batabanó.

Nuestro Pepito es habilidoso, calculador, y dosifica diligentemente las caricias de acuerdo con los propósitos a alcanzar. Pepito, además, tiene la virtud de hablar y conversar con una facilidad  realmente extraordinaria. Y ni hablar del dominio que tiene de la computación!. Créanme que no exagero en lo más mínimo.

Siempre pensé que “hijo o nieto de gato, caza ratón”. Pero en el caso que estoy abordando el disparo me ha salido por la culata.

La semana pasada, mientras leía distraídamente la novela “Luz de agosto” del Nóbel de Literatura de 1949, el norteamericano William Foulkner, Pepito se acercó a las canastas donde guarda una parte de sus juguetes (la otra la tiene en las gavetas de su armario) que generalmente están en una esquina del balcón de nuestro apartamento, y las volteó sobre el piso en busca de alguno de sus entretenimientos preferidos.

Aparté mi vista del libro que leía y me puse a observar y a contar su colección de juguetes: dos helicópteros (uno de ellos vuela por control remoto), cuatro aviones de diferentes tamaños, seis pistolas, veintidós  autos igualmente de disímiles dimensiones y colores, tres rastras, tres grúas, un dinosaurio, dos trenes, un velocípedo, una carriola,  cuatro versiones de robots, la colección completa de Los Increíbles, cuatro versiones diferentes del Spiderman y de Batman…y un balón de fútbol nuevecito que le trajo desde España un primo segundo conjuntamente con dos uniformes del FC Barcelona en cuyas camisetas están los números (10 y 7) y nombres: Lionel Messi y “Guaje Villa”.

Yo era consciente de esos implementos deportivos y de sus prácticas diarias en el atardecer en el parqueo situado detrás de nuestro edificio. Entonces se me ocurrió comentarle lo siguiente:

Raúl (así le he llamado siempre), dónde están los implementos de béisbol?…hace tiempo que no practicamos!!.

Y es que como todavía me acordaba de mis modestas andanzas y aventuras en el béisbol juvenil, comencé a enseñarle a fildear rollings y flays y a batear a las dos manos desde que tenía seis años. Y realmente no le iba muy mal que digamos. Se sorprendió con mi pregunta, bajó la vista y me respondió visiblemente turbado:

Tatá, están en el armario del patio…pero es que casi siempre se me olvidan porque mis amiguitos siempre me llaman para jugar fútbol allá abajo en el parqueo…y tú casi no tienes tiempo para enseñarme…por eso es que…

Tienes razón – le interrumpí – pero no te preocupes, si te sientes bien jugando fútbol palante el carro – .

Fue entonces que mi sugerencia se convirtió en una especie de patente de corso para revelarme en breves minutos  todo lo que él sabía y quería ser en el fútbol.

Entonces increíblemente me contó de las hazañas de Di Stéfano, Pelé, Maradona, Liev Yashin, Beckenbauer, el torpedo Muller, Ronaldo, Ronaldiño, Kaká, Raúl, Hugo Sánchez, el Pibe Guadarrama,  Diego Forland, Cristiano Ronaldo, Leo Messi, Pujols, Di María, Roberto Carlos, Luis Suárez y sus mordidas, de Samuel Letho, de los desaciertos y roña que siente por Mouriño…de los mejores y peores clubes de la Liga Brava, de la Bundes Liga, de la Liga Premier que él considera la más competitiva y pareja…en fin, de tantas cosas, detalles y hazañas en el fútbol que no me resultó difícil arribar a la conclusión de que había perdido el dinero invertido en los implementos del béisbol y sobre todo mi sueño de verlo convertido en  un buen  bateador ambidextro y torpedero en su equipo favorito: los Industriales.

Entonces, para convencerme aún más de sus gustos y conocimientos le hice tres preguntas que  ni yo mismo conozco la respuesta exacta, pero él las respondió sin titubeos.

a) Cuál ha sido para  ti el gol más lindo y famoso?

-El de Maradona frente a Inglaterra en el Mundial de 1978 porque lo echó con la mano y nadie en el estadio, ni el árbitro, ni en la televisión lo vio, ja-ja-ja-.

b) Cuál es el mejor equipo de todos los tiempos?

– El Real Madrid, pero le tengo un odio del carajo, porque yo soy del Barza-

c) Cuáles son el mejor jugador y mejor portero de todos los tiempos?

– Es muy difícil de responder Tatá porque son tiempos distintos, pero para mí los mejores son Maradona y Messi y en la portería Iker Casillas y el ruso Liev Yashin.

Después de esto comprendí que había perdido el juego. Mi nieto mayor está inmerso y vive para el fútbol y mi sueño se fue a bolina. No obstante, para acabar de convencerme le hice una última pregunta: – y cuál es el mejor pelotero cubano de nuestras Series Nacionales?. Permaneció en silencio un rato, turbado, mirando para todo lo que le rodeaba y me respondió sin mirarme de frente: – no sé bien, Tatá. Unos dicen que Linares, otros que Cepeda, otros que un tal Casanova y otros que Yulietsky, el que está ahora en Japón-.

Huelgan los comentarios. Son los nuevos tiempos y realidades. Pero como soy optimista ahora tengo otro sueño: ver a mi nieto José Raúl convertido en un Casillas, un Neymar, un Luis Suárez (sin mordidas) o en un Messi, por qué no?

Etiquetas: , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Éxodo

Relatos de Rodobaldo Rodríguez

Relatos de Rodobaldo Rodríguez

Me fuí de Cabaiguán en 1964 con 17 abriles (allí dejé mi equipo de pelota y mi primera novia, que hoy es mi esposa), dí tumbos becado por Camagüey durante tres años. !Qué manera de comer arroz, chícharos y dulce de fruta bomba en cuadritos!. Tal fue el trauma con este dulce que estuve más de diez años sin volverlo a saborear. Innumerables los fines de semana paseando por Camagüey con una peseta en el bolsillo y una camisa o pantalón de otro compañero de estudio. ¡Qué manera de ser feliz en la posada El Edén en mi primera experiencia sexual sufragada financieramente por aquella linda mestiza oriunda de Las Tunas!! Después el paso fugaz (seis meses) por la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas…aquellos albergues, aquel comedor de espanto en 1969…aquellos 118:00 pesos de salario como Técnico Auxiliar de la Docencia…aquellas colas en la Terminal para coger la “mandarina” de Sancti Spíritus….aquel estadio Sandino abarrotado…aquella chapea de caña cargada de pica pica en Santo Domingo….aquella despedida brusca con mi partida hacia la URSS…aquellas personas y ciudades, aquellas aventuras amorosas furtivas…el regreso, el ejercicio de la profesión hasta el día de hoy….Bulgaria, Polonia, RDA,
Checoslovaquia, París, Londres, Canadá, México, Colombia, Ecuador, Venezuela, Nicaragua…!cuántas amistades y ciudades, ratos buenos y malos y enormes sustos en los aviones, cuántas experiencias en estos 38 años de profesión viviendo en La Habana y, sin embargo, no olvido nunca mi primer beso a la novia en el cine Rogelio Rojas, ni los juegos de pelota, ni los baños en el arroyuelo cercano, ni mis visitas en la madrugada hasta la vaquería de mi viejo para ordeñarle un jarro de leche a la misma vaca “Mona”; de su ubre a mi estómago voraz…ni olvido a mis amigos, ni los bailes del 31 de diciembre en la Colonia Española amenizado siempre por Barbarito Diez…. agenciarse los tres pesos para entrar y dos o tres más para la cantina y las empanadas o rositas de maíz, o una caja de cigarros…y el recuerdo imborrable de ver y oír a aquel sinsonte o negrito (por qué no), Benny Moré, recorriendo toda la escala musical en tonos que jamás he escuchado en otros….y todo ello cuando ya la enfermedad le ganaba la batalla que finalizó apenas tres semanas después…!cuántas cosas, momentos y personas se nos quedan grabadas para siempre, en aquellos vericuetos del alma que resultan inaccesibles para el olvido y que sólo dan paso a la nostalgia que allí se almacena para siempre…no importa si vives en Miami, París, La Habana, o en Holguín, o en Bolondrón, tampoco importa que hayas conocido o visitado la mitad del mundo. La nostalgia por mi terruño, mis amigos, mi novia, mi arroyuelo, mi Edén camagüeyano, mis bailes del 31 de  diciembre, mis luces tranquilas de París, mis dos horas volando sobre Leningrado porque no salía el dichoso tren de aterrizaje, el olor de la muerte cercana y el vaso lleno de vodka…el adiós prematuro… y mi mansa vaquita “Mona”, entre otros, están a buen resguardo y sólo desaparecen cuando los amigos y hasta los envidiosos “nos cantan el manisero”, unos con dolor sincero y otros con impotencia porque nunca pudieron derrumbarte.
Así es el éxodo y su huella imborrable: la nostalgia, que es un sentimiento muy inherente y cercano a los mejores instintos de los seres humanos. El éxodo puede ser prolongado y lejano.  El regreso al inicio de todo se produce  en un instante cargado de nostalgias.

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Verracos Célebres

Historias del Rodo

Historias del Rodo

Cabaiguán es “el pueblo de los verracos”. A todos los que allí nacimos, cuando llegada la ocasión hay que decir el lugar de nacimiento, inmediatamente detrás viene el sello que nos identifica en toda Cuba, desde la hasta el Cabo de San Antonio en una expresión que surge espontáneamente: –“!Ahhh, así que tú eres de Cabaiguán, del pueblo de los verracos!”.

Claro que de tanto oírla ya no nos causa molestia o disgusto alguno sino todo lo contrario: se nos está ratificando el sello de origen, asociado a un animalito que no es tan tonto como algunos piensan.

Si analizamos con calma el asunto, nos daremos cuenta de que el verraco es realmente un animal dichoso, porque no tiene la desgracia de que le corten los testículos acabado de nacer para convertirlo en un cerdo que después crece, engorda y finaliza su existencia   en un caldero o atado en una parrilla y expuesto a fuego lento durante horas.

El verraco no. El verraco tiene la suerte y el privilegio de que le dejan intacto el aparato de la reproducción, que se convierte en su instrumento de labranza. Entonces su vida completa tiene un solo objetivo: preñar todas las puercas que le lleven hasta su corral. Y lo más lindo es que su oficio no le permite engordar. De manera que mantiene siempre la línea. Tampoco tiene que preocuparse por la edad: los verracos se mueren de viejos. No por la buena voluntad, respeto o cariño de sus dueños sino porque su carne y grasa hieden de forma tan desagradable que no hay quien se las coma.

Cabaiguán ha tenido muchos “verracos” célebres. Uno de ellos lo fue, sin dudas”, Antonio “Ñico” Negrón, un endeble personaje que no iba más allá de los cinco pies cinco pulgadas y 120 libras de peso y amigo de las barras y el trago desde que lo conocí. No sé si aún vive porque hace más de cinco años que no lo veo en ocasión de los viajes a mi terruño, al reencuentro con mi familia, amigos y los recuerdos  de la adolescencia y juventud. Pero debe estar vivo aún. De lo contrario, mis amigos me lo hubiesen informado.

Pero, voy al meollo del relato: por qué Ñico se hizo célebre?. Debo comenzar por decir que este personaje tenía dos gustos insustituibles en su vida: los tragos y el béisbol y nada menos que en la posición de lanzador, algo realmente increíble para el “somatotipo” que él tenía y que tanto se exige hoy para ingresar en las academias de ese deporte en nuestro país. Ñico tenía, según cuentan, un arma más poderosa y letal: un control que le permitía poner la bola donde se la pidiese el receptor.

Cuentan que en el primer lustro de la década del cincuenta del pasado siglo vino a jugar a Cabaiguán un poderoso equipo  de uno de los gigantes centrales azucareros de Camaguey. De su cuarto bate se decía que era un slugger con una fuerza temible, similar a la de Capiró, Cheíto, Muñoz, etc, etc.

Ñico Negrón fue el lanzador designado por el mentor del equipo de Cabaiguán para lanzar los bultos postales.

Así las cosas, Ñico comenzó a tejer una cadena de ceros con la particularidad de que cada vez que daba un cero iba directamente al bolsillo de su pantalón de donde extraía un pomo de “linimento” muy raro y sugestivo pues no se lo frotaba en el brazo de lanzar sino que se tomaba un trago.

-“Para mantener el brazo en calor”- le decía a su mánager y éste le respondía:-“el brazo o el hígado”?

Y así las cosas, llegó el inicio del noveno episodio, última  oportunidad para los visitantes pues “Nico” había defendido de forma impecable la mínima ventaja de1 X 0 que le habían dado sus compañeros desde  el quinto episodio.

Pero a la altura del noveno Nico se había dado tanto calor en el brazo que sus rivales le habían llenado las bases después de dos out y le tocaba el turno nada más y nada menos que al temible cuarto bate rival. Fue entonces que su mentor acudió a la lomita de lanzar.

“Qué te pasa Ñico, tú no sabes que este hombre es capaz de meter la bola allá en los tanques de la Refinería y se jeringa el juego?

– Dame un chance Villo…voy a apelar a mi arma secreta…tú verás que ese muñecón no me va batear- respondió Ñico mostrando una serenidad de espanto.

– Oye Ñico, que hay un puerco asado y diez cajas de cerveza en juego!!

-Qué tú dices…diez cajas de  cerveza?…ahh. no chico, vete tranquilo pa’l dogout…este no me batea ni soñando!!!

El momento no pudo ser más tenso cuando el bateador se puso en tres y dos. Ñico frotó la bola y antes de hacer contacto con la tabla le enseñó la pelota al bateador y le dijo: – mírala bien ahora, porque no la vas a ver más nunca-. Entonces entró en la caja de lanzar, agarró la  pelota con todos los dedos de la mano e hizo un lanzamiento que duró exactamente …!diez minutos! para llegar a la mascota del receptor!!!. Cuentan los presentes que la bola se  mantuvo en el aire con un movimiento de rotación sobre su eje pero apenas se trasladaba. Cuentan también que el temible bateador hizo quince swines al aire, que el árbitro de home hasta se sacó la careta porque no veía ni sabía dónde estaba la pelota. Cuando el bateador, ya fuera de control, perdió los estribos, partió el bate contra la goma del home play y se retiró…fue entonces que se sintió el ¡paf! de la pelota en la mascota del receptor y al umpire decir: – STRAIG!!!!…Y PONCHAO 15 VECES…SE ACABÓ EL JUEGO!!

Cuentan que cuando los jugadores llegaron al dogout le preguntaron a Ñico qué le había lanzado a aquel hombre. Ñico, impasible, antes de responder,  agarró el pomo de “linimento” se tomó el último trago que le quedaba en el frasco y les dijo: – “ni yo mismo lo sé…pero si lo supiera tampoco se los diría porque perdería el encanto que le dieron todos los santos de Roma y África…
dónde están el puerco asao y las cervezas?

La Habana, mayo de  2013

Etiquetas: , , , , , , , , ,

El Miguelón Park

Relato

Relato

Hasta el año 1963 fue un solar yermo que ocupaba dos manzanas exactas entre las calles Quinta y Séptima  del Oeste en el barrio del matadero municipal de Cabaiguán, mi barrio de El Rastro. A partir de esa fecha surgió el estadio de béisbol “Miguelón Park”.

El bautizo con ese nombre fue espontáneo y a la vez un imperativo de la necesidad de que  naciera y perdurara con el sello de lo más autóctono y popular del barrio.

Miguelón “El Pinto” era un gigantón de más de seis pies de estatura y doscientas cincuenta libras de peso que soñaba con ser famoso en el béisbol jugando en la primera base. Pero su sueño coincidió con el machadato.

Fue en esas circunstancias que se hizo célebre cuando a falta de dinero hizo una guantilla de inicialista a partir de una polaina con la que escribió numerosas páginas de gloria a la defensa.

El “Miguelón Park” no tenía media luna, era un potrero desnivelado. Tampoco tenía bardas por el jardín derecho ni por el central, como no fueran el kioskito de Jesús y la carnicería de Chicho “Tabacón” respectivamente, pero ambas estaban situadas a más de cuatrocientos cincuenta pies del home play. En cambio las bardas por el  jardín izquierdo estaban relativamente cerca, a unos trescientos pies, pero tampoco resultaba fácil volarlas porque estaban formadas por una hilera de cedros que tenían más de seis metros de altura y servían de demarcación del solar de Juanico Cañizares, en el que crecían y maduraban los mangos y las naranjas, víctimas de nuestro desenfrenado apetito juvenil en innumerables ocasiones.

Aquel terreno tampoco disponía de medidas ni límites oficiales en sus extremos. Las distancias desde la lomita de lanzar hasta el home play y entre las almohadillas  se establecieron por la talla del pie de Miguelón. Por tanto no resulta difícil percatarse de inmediato de que las dimensiones de aquel terreno siempre fueron superiores a la de cualquier estadio oficial.

Las rayas por el jardín derecho e izquierdo se hicieron con las cenizas de los fogones de las casas vecinas. La malla protectora detrás del home (“baquetol”, del inglés “back stop ball”) era portátil y se confeccionó con la unión de dos o tres redes de pesca, atadas a unas estacas de “caña brava”.

Tampoco había gradas. Los fanáticos se sentaban en la acera a pleno sol a disfrutar del espectáculo, lo mismo a las cuatro de la tarde que en el bochorno del mediodía.

Y es que nadie quería perder la oportunidad de ver jugar siempre al equipo del barrio (Seccional-1) que era una mezcla perfecta y armónica de jóvenes talentos en pleno ascenso con jugadores que ya habían visto pasar sus mejores años y sueños

Por el “Miguelón Park” desfilaron atletas que después hicieron historia en nuestras Series Nacionales de béisbol. Allí jugaron, entre otros: Owen Blandino, gloria deportiva recientemente desaparecida, José Antonio Huelga, el Héroe de Cartagena,  Jesús “Nine” Oviedo (fallecido), Roberto “Caña” Ramos y Esteban Pino.

El que hace el relato también jugó en ese terreno con el equipo juvenil “CAMIONEROS” y en una ocasión dejó todo el pellejo de una nalga tratando de alcanzar la segunda base en un deslizamiento.

Todo relato debe contener alguna anécdota. Traigo una a colación en la que estuvo involucrado el Héroe de Cartagena, José A. Huelga.

Se disputaban los finales de un juego entre nuestro equipo “Camioneros” y el campeón regional, Sancti Spíritus, que marchaba empatado a dos carreras.

El “Jabao” Huelga, que había sido movido desde su posición inicial en el béisbol, la tercera base, lanzaba de relevo  por el equipo espirituano visitante.

En el cierre del noveno Huelga perdió el control momentáneamente frente a Osvaldo “Vallo” Concepción, nuestro torpedero y tercer bate. Éste, molesto porque quería batear provocó a Huelga diciéndole:

“Pitchea por el medio “Jabao” que te la voy a desaparecer por arriba de los cedros de Juanico”-. Huelga exhibió una ligera sonrisa, hizo un giro en la improvisada lomita dándole la espalda al bateador  y se puso a frotar la pelota. Cuando se volteó a tomar las señas de su receptor la expresión de su rostro era otra totalmente diferente. Él iba a demostrarle a aquel desconocido a quién se estaba enfrentando.

Pero los acontecimientos célebres e históricos ocurren cuando casi siempre nadie los espera. Lo que “Vallo” Concepción dijo medio en broma, medio en serio se convirtió en realidad cuando su bate chocó con  una recta de humo de Huelga que venía como a 90 millas a la altura de las letras y la pelota surcó el aire pasando por encima de los cedros de Juanico Cañizares para  caer justamente en medio del naranjal. Aquel batazo fue a más de trescientos cincuenta  pies fácilmente. Aquello fue  locura en el barrio y en nuestro dogout al aire libre, a la sombra de  una mata de anoncillos. Pasadas las emociones, los derrotados vinieron a felicitar a los triunfadores con su mánager (el negrito “Kakuma) y el mismísimo José A. Huelga a la cabeza. Frente a  nosotros Kakuma se dirigió a Huelga diciéndole sencillamente cinco palabras: –“nunca más  subestimes al rival”.

Pasaron los años, cambiaron los tiempos. Ya no existen los equipos del barrio o del centro de trabajo. Hoy existen centros de alto rendimiento y escuelas deportivas especializadas para el desarrollo de los talentos. Todo muy bien pensado y organizado, y que nos ha dejado abundantes frutos en competencias nacionales e internacionales. Es verdad. Pero también es verdad que hoy yo no siento el mismo amor por la camiseta que  sentía cuando jugaba el equipo de mi barrio, el “Seccional – 1” dirigido por Bolo, El Matarife, o mi equipo juvenil “Camioneros”

Y lo más triste: hoy, cada vez que viajo a mi terruño se renueva la nostalgia que siento cuando veo el antiguo solar yermo (convertido en el terreno de béisbol “Miguelón Park” por el ímpetu y la iniciativa de la gente del barrio y atletas) poblado de viviendas de bajo costo y de canteros para la agricultura urbana, que también resultan algo bueno y necesario, pero que no pueden encerrar  en las paredes de las casas, ni en los canteros de las hortalizas, ni la milésima parte de las emociones, sueños y frustraciones de todos los que tuvimos el privilegio de ripiarnos el pellejo jugando al béisbol en el terreno “Miguelón Park”.

Y ahora me pregunto en cuántos solares yermos y terrenos improvisados no habrá ocurrido lo mismo a lo largo y ancho de nuestro país? Y cuántos talentos en los barrios ni siquiera han llegado a descubrirse?. Será acaso una realidad irreversible que nunca más podremos hinchar por el equipo del barrio? Si es así, entonces nos hundiremos en la nostalgia irremediablemente.

La Habana, enero de 2012

Etiquetas: , , , , , , ,